miércoles, 10 de octubre de 2012

bibliografia IV. Marisa


ANCIANO SANO, ENFERMO FRÁGIL

BIBLIOGRAFÍA:

 
Guillén Llera F, Pérez del Molino Martín J, Petidier Torregrossa R. Síndromes y cuidados en el paciente geriátrico.2ªed.Barcelona:Masson;2008.p.21-24.
 
García Hernández M, Torres Egea M.P, Ballesteros Pérez E. Enfermería Geriátrica.2ªed.Barcelona:Masson;1999.p.18-19.

         En el hombre a lo largo del proceso de envejecimiento y debido a la propia evolución biológica, se producen unos cambios considerados normales. Estas modificaciones constituyen uno de los principales motivos de atención de las enfermeras que cuidan a personas ancianas, ya que cualquier pequeña causa es capaz de romper “el equilibrio funcional”, individual dejando al anciano en una situación de inestabilidad o fragilidad.

        Los cambios anatomofisiológicos se inician al mismo tiempo que la propia vida y se hacen palpables de forma muy notable en los primeros años de existencia. Sin embargo los cambios asociados al envejecimiento se inician de forma poco aparente, para exteriorizarse poco a poco. Los requerimientos individuales para resolver las necesidades de la vida cotidiana son distintos y están sujetos a las incapacidades o limitaciones personales para funcionar de forma independiente. Se puede hablar entonces del nivel funcional óptimo como aquel que permite al anciano ser lo más independiente posible.

Se puede definir al anciano sano como aquel que no presenta enfermedad ni alteración funcional, mental o social alguna. El seguimiento del estado de salud en este grupo recae en la Atención Primaria y las actividades y programas que establecen son fundamentalmente preventivos.

         Las conductas que desarrolla el anciano para desenvolverse en las actividades de la vida cotidiana generan una demanda específica y diferente de la expresada por el mismo individuo en cualquier otra etapa de su vida. La  relatividad de lo “necesario” alcanza en geriatría una dimensión distinta y hace que la enfermería requiera profundizar en el conocimiento del individuo anciano en toda su expresión.

          En cuanto al anciano frágil, comenzaremos definiendo el término fragilidad como: ser independiente o estar en riesgo de dependencia, pérdida de reservas fisiológicas, desacoplamiento con el medio, cronicidad de la enfermedad, problemas médicos y psicosociales, presentación atípica de la enfermedad, ser potencial beneficiario de atención geriátrica o experimentar un envejecimiento acelerado.

          En su diferenciación con el término discapacidad podemos aclarar que la discapacidad surge de la disfunción de un solo sistema o de varios, mientras que en la fragilidad siempre hay un componente multisistémico. En otras palabras, a determinadas edades la discapacidad puede ser una medida muy sensible de fragilidad.

         La fragilidad es entendida como inestabilidad que da lugar a un incremento de la vulnerabilidad, en ausencia de discapacidad.

Por lo tanto la relación entre envejecimiento y fragilidad no es lineal, y lo es mucho menos a edades muy avanzadas, en las que la relación es muy compleja y está influida por varios factores. Uno de ellos es el incremento de las tasas de supervivencia y la tasa de mortalidad sufre una desaceleración entre los 80-89 años.

   Para finalizar he extraído tres ideas sobre la fragilidad:

ü  Fragilidad representa vulnerabilidad

ü  Es muy heterogénea

ü  Se asocia a la edad cronológica, su relación no es lineal.




                                               MªISABEL PÉREZ MARTINEZ

                                                              (09- Octubre-2012)

 

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