ANCIANO
SANO, ENFERMO FRÁGIL
BIBLIOGRAFÍA:
García Hernández M, Torres Egea M.P, Ballesteros Pérez E. Enfermería Geriátrica.2ªed.Barcelona:Masson;1999.p.18-19.
En el hombre a lo largo del proceso de
envejecimiento y debido a la propia evolución biológica, se producen unos cambios
considerados normales. Estas modificaciones constituyen uno de los principales
motivos de atención de las enfermeras que cuidan a personas ancianas, ya que
cualquier pequeña causa es capaz de romper “el equilibrio funcional”, individual dejando al anciano en una
situación de inestabilidad o fragilidad.
Los cambios anatomofisiológicos se inician
al mismo tiempo que la propia vida y se hacen palpables de forma muy notable en
los primeros años de existencia. Sin embargo los cambios asociados al
envejecimiento se inician de forma poco aparente, para exteriorizarse poco a
poco. Los requerimientos individuales para resolver las necesidades de la vida
cotidiana son distintos y están sujetos a las incapacidades o limitaciones
personales para funcionar de forma independiente. Se puede hablar entonces del nivel funcional óptimo como aquel que permite
al anciano ser lo más independiente posible.
Se puede definir al anciano sano como aquel que no presenta
enfermedad ni alteración funcional, mental o social alguna. El seguimiento del
estado de salud en este grupo recae en la Atención Primaria y las actividades y
programas que establecen son fundamentalmente preventivos.
Las conductas que desarrolla el
anciano para desenvolverse en las actividades de la vida cotidiana generan una demanda
específica y diferente de la expresada por el mismo individuo en cualquier otra
etapa de su vida. La relatividad de lo “necesario” alcanza en geriatría una
dimensión distinta y hace que la enfermería requiera profundizar en el
conocimiento del individuo anciano en toda su expresión.
En cuanto al anciano frágil, comenzaremos definiendo el término fragilidad como: ser independiente
o estar en riesgo de dependencia, pérdida de reservas
fisiológicas, desacoplamiento con el medio, cronicidad de la
enfermedad, problemas médicos y psicosociales, presentación
atípica de la enfermedad, ser potencial beneficiario de atención
geriátrica o experimentar un envejecimiento acelerado.
En su diferenciación con el término
discapacidad podemos aclarar que la discapacidad surge de la disfunción de un
solo sistema o de varios, mientras que en la fragilidad siempre hay un componente multisistémico. En otras
palabras, a determinadas edades la discapacidad puede ser una medida muy
sensible de fragilidad.
La fragilidad es entendida como inestabilidad
que da lugar a un incremento de la
vulnerabilidad, en ausencia de discapacidad.
Por lo tanto la relación
entre envejecimiento y fragilidad no es lineal, y lo es mucho menos a edades
muy avanzadas, en las que la relación es muy compleja y está influida por varios
factores. Uno de ellos es el incremento de las tasas de supervivencia y la tasa
de mortalidad sufre una desaceleración entre los 80-89 años.
Para finalizar he extraído tres ideas sobre
la fragilidad:
ü Fragilidad representa
vulnerabilidad
ü Es muy heterogénea
(09- Octubre-2012)

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